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Escondido (en el amplio sentido de la palabra) en los montes de Macharaviaya se encuentra el Molino de Santillán, uno de esos rincones priviligiados de la geografía malagueña idilicos para la celebración de una boda, y  hasta allí nos desplazamos para la boda de Jorgelina y Juancho.

Una boda muy emotiva, divertida, elegante, acogedora, pero si algo hace grande una boda es la participación de sus invitados en la misma y esta fue una de esas bodas donde todos participaron.  Especial mención a Paula (Mileventos) que organizó, planificó, decoró el evento  con un esquisito gusto, dandole a la boda ese plus que la define como simplemente perfecta.

 

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